Un fallo que cambia la percepción de privacidad
El fallo, emitido por el juez Jed Rakoff, establece que introducir información sensible en una plataforma tecnológica externa implica una renuncia implícita al secreto profesional. En otras palabras: si compartes datos legales con una IA, podrías perder la confidencialidad.
El caso que encendió la alerta
La decisión surge en medio de un proceso penal por fraude. El acusado utilizó Claude —el modelo de Anthropic— para preparar documentos relacionados con su estrategia judicial. Cuando la fiscalía solicitó acceso a esos chats, la defensa alegó que estaban protegidos por el privilegio abogado-cliente.
El tribunal no estuvo de acuerdo. A diferencia de un bufete o un asesor contratado formalmente, una empresa tecnológica es un tercero con sus propios términos de uso y políticas de acceso a datos.
Para el juez, la clave está en la privacidad estricta: al enviar información a servidores externos, el usuario acepta condiciones que permiten cierto grado de revisión o almacenamiento. Esa exposición rompe la cadena de confidencialidad necesaria para blindar un documento ante un juicio.
La IA no es tu abogado
El mensaje es contundente: la inteligencia artificial puede ayudarte a entender conceptos legales, pero no sustituye la relación confidencial con un abogado real.
Las políticas de uso refuerzan esta postura:
-
OpenAI permite desactivar el entrenamiento del modelo, pero conserva historiales durante un periodo limitado en versiones gratuitas y Plus.
-
Anthropic señala que puede revisar conversaciones para detectar abusos.
-
Google advierte que revisores humanos pueden acceder a fragmentos de chats en Gemini.
Estas cláusulas fueron determinantes para que el tribunal concluyera que no existe expectativa real de privacidad absoluta.
La brecha entre percepción y realidad
El abogado Moish Peltz lo resumió con claridad: la interfaz conversacional se siente íntima, casi como hablar con un asesor personal. Pero legalmente, estás interactuando con una plataforma comercial que almacena datos y opera bajo términos contractuales amplios.
La lección es directa y relevante para millones de usuarios: antes de compartir información delicada en un chat de IA, conviene entender que no equivale al secreto profesional tradicional.
En la era de la inteligencia artificial, la confianza digital no siempre significa confidencialidad legal.
Mantente informad@ con nuestras publicaciones en tu dispositivo, ¡Suscríbete Ahora!
