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CL1: computadora biológica con neuronas humanas vivas jugó Doom en 2026

El sistema CL1 de Cortical Labs, con 200,000 neuronas humanas vivas, aprendió a jugar Doom en menos de una semana. La compañía ya alquila estas "mentes en caja" a través de la nube.

by Franco Javier
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CL1: el día que las neuronas humanas aprendieron a jugar Doom

El CL1 no es una computadora normal. Es una caja sellada que contiene 200,000 neuronas humanas vivas, cultivadas sobre un chip de silicio. Y hace apenas unos meses, esa masa de tejido biológico aprendió a jugar Doom. Sí, el videojuego de 1993. Pero aquí no hay nadie al mando. No hay un jugador humano. Lo que hay, según sus creadores, es un sistema que aprende por sí mismo.

La empresa australiana Cortical Labs presentó el CL1 en 2025 como el “primer ordenador biológico programable del mundo”. En esencia, combina neuronas humanas cultivadas en un medio nutritivo con un chip de silicio capaz de enviar y recibir impulsos eléctricos. Las células se mantienen vivas hasta seis meses dentro de un sistema de soporte vital autónomo.

El sistema no ve una pantalla. No tiene ojos. Para que el CL1 juegue a Doom, los desarrolladores convirtieron el entorno digital del juego en patrones de estimulación eléctrica que las neuronas pudieran interpretar. Cuando un enemigo aparece en el juego, electrodos específicos estimulan a las neuronas, provocando una reacción. Esas respuestas se traducen en comandos: moverse, girar, disparar. Una conversación entre silicio y tejido vivo, como la describen en la compañía.

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La hazaña: de Pong a Doom en una semana

Cortical Labs ya había hecho algo parecido en 2022 con DishBrain, su prototipo anterior. En aquel entonces, 800,000 neuronas aprendieron a jugar Pong. Pero el salto a Doom era otra historia. Doom es un juego tridimensional, lleno de pasillos, enemigos y decisiones en fracciones de segundo. La comunidad de internet llevaba años preguntando: “¿Puede correr Doom?”.

La respuesta llegó en marzo de 2026. El desarrollador independiente Sean Cole, que tenía poca experiencia en computación biológica, logró entrenar al sistema en menos de una semana. Lo hizo usando Python y la API pública del CL1, lo que demuestra que la plataforma ya es utilizable por terceros. Lo más sorprendente: para esta hazaña solo necesitaron 200,000 neuronas, una cuarta parte de las que usaron para Pong.

“Esto fue un hito importante, porque demostró un aprendizaje adaptativo, en tiempo real y orientado a objetivos”, declaró Brett Kagan, director científico de Cortical Labs. Las neuronas juegan mal, eso sí. “Por ahora, las células juegan como un principiante que nunca ha usado una computadora antes”, explicó Kagan. Pero mejoran con el tiempo. Y lo hacen más rápido que los algoritmos tradicionales en chips de silicio.

¿Cómo funciona realmente?

El CL1 no es un cerebro en una caja. Las neuronas no son extraídas de cerebros humanos; se cultivan a partir de células de sangre o piel de donantes, que se reprograman en laboratorio hasta convertirlas en neuronas. Una vez listas, se colocan sobre una matriz de microelectrodos. El chip puede enviar pulsos eléctricos a las neuronas y registrar los que ellas devuelven. Es un circuito cerrado: estímulo, respuesta, aprendizaje.

El sistema completo es autónomo: bombas, calentadores y un baño de nutrientes mantienen a las células con vida. Cada unidad cuesta alrededor de 35,000 dólares y consume entre 850 y 1,000 vatios. Pero no hace falta comprar una. Cortical Labs ofrece el CL1 como servicio en la nube: cualquiera puede alquilar tiempo en estas neuronas vivas desde cualquier lugar del mundo.

¿Por qué importa esto?

El experimento no es un truco publicitario. Detrás del videojuego hay una idea mucho más grande: la computación biológica como alternativa a los chips de silicio. La inteligencia artificial está consumiendo cantidades insostenibles de energía. Un rack completo de 30 unidades CL1 consume menos de un kilovatio combinado. Los centros de datos tradicionales, en cambio, pueden consumir la energía de barrios enteros.

Cortical Labs ya está construyendo dos “centros de datos biológicos”, uno en Melbourne y otro en Singapur, que funcionarán con sus unidades CL1. Cada unidad contiene 200,000 neuronas humanas vivas. La compañía planea albergar 120 unidades en Melbourne.

Las preguntas que nadie ha respondido

El CL1 también plantea preguntas incómodas. ¿Tienen algún tipo de conciencia estas neuronas? “La tentación es antropomorfizar y decir ‘oh, les gusta jugar Doom’”, admite Kagan. “Pero esto no es un animal ni un humano ni nada tan complejo como un insecto. Es un sistema”.

Pero no todos están tan seguros. Las preguntas éticas sobre el uso de células humanas como recursos informáticos están lejos de resolverse. Como señala un artículo de Medscape de marzo de 2026, la computación biológica ha alcanzado un hito, pero también ha planteado “cuestiones éticas no resueltas”. Alquilar neuronas vivas a través de internet sin resolver la cuestión de la conciencia es, para algunos, una temeridad. No existe un marco regulatorio que cubra esto.

¿Qué sigue?

El CL1 ya está disponible. Los investigadores pueden comprarlo, alquilarlo en la nube o usar su API para desarrollar nuevas aplicaciones. La compañía quiere que la comunidad explore nuevos enfoques: formas de codificar información, interpretar respuestas neuronales y desarrollar algoritmos de aprendizaje.

La pregunta que todos se hacen ahora no es si el CL1 puede jugar Doom. La pregunta es qué más puede hacer. Porque si un puñado de neuronas en una caja puede aprender a disparar a demonios en menos de una semana, ¿qué más podrá aprender en los próximos meses? Y, sobre todo, ¿quién estará al mando cuando lo haga?

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